A las ocho de la mañana Rodrigo comenzó a llamarme. Once llamadas. Después llegaron los mensajes. “¿Qué tiene Camila?” “¿Por qué no contestas?” “Dime enqué hospital estuvieron.” “Voy por ustedes.” No respondí. Entonces llegó uno diferente: “Elena, no hagas una tontería. Hay cosas que puedes malinterpretar.” Sentí un frío que me recorrió todo el cuerpo. Yo nunca le había dicho qué sospechaban los médicos. ¿Cómo podía estar hablando de “malinterpretar” algo? Le mostré el mensaje a Valeria. Su rostro cambió. —No contestes. Mándaselo al agente que lleva el caso. Lo
PARTE 2 / Durante el baño, mi hija de 6 años rompió a llorar: “Mamá, me duele mucho donde hago pipí”. La llevé al hospital pensando que era una infección, pero la doctora palideció y me susurró: “Llame a la policía”. Guardé silencio, saqué mi teléfono y entonces llegó un mensaje de mi esposo que reveló que él sabía algo que yo jamás le había contado.