hice. Unas horas después, mientras Camila desayunaba un poco de fruta, recibí una llamada del Ministerio Público. Habían solicitado autorización para revisar nuestro domicilio. Pero aún faltaba algo. Algo que yo misma recordé. Un mes antes, Rodrigo había comprado una lámpara inteligente con forma de nube para el cuarto de Camila. —Mide temperatura, humedad y sueño —dijo orgulloso—. La controlo desde mi teléfono. A mí me pareció exagerado. Camila la adoraba porque cambiaba de color. Esa mañana le conté el detalle a los investigadores.Hubo un silencio. —¿La lámpara tiene
PARTE 2 / Durante el baño, mi hija de 6 años rompió a llorar: “Mamá, me duele mucho donde hago pipí”. La llevé al hospital pensando que era una infección, pero la doctora palideció y me susurró: “Llame a la policía”. Guardé silencio, saqué mi teléfono y entonces llegó un mensaje de mi esposo que reveló que él sabía algo que yo jamás le había contado.