PARTE 2 / Durante el baño, mi hija de 6 años rompió a llorar: “Mamá, me duele mucho donde hago pipí”. La llevé al hospital pensando que era una infección, pero la doctora palideció y me susurró: “Llame a la policía”. Guardé silencio, saqué mi teléfono y entonces llegó un mensaje de mi esposo que reveló que él sabía algo que yo jamás le había contado.

numerosas activaciones coincidían con las noches en que Camila había despertado llorando. Yo apenas podía respirar cuando el agente añadió: —Hay algo más. Las conexiones no solo salen de su casa. Varias fueron realizadas desde la oficina de su esposo. En ese momento Camila apareció en la puerta con su conejo en brazos. —Mamá…