Ella abrió la libreta de cuadritos que siempre tenía en la mesa. Martín la había odiado durante años; le parecía el símbolo de su humillación. Ahí estaban todos los recibos, las cuentas y los ahorros. Cada página tenía fechas, cantidades, pagos, abonos y notas pequeñas:
“Quitar 100 del pollo.”
“No comprar blusa.”
“Guardar horas extra de Martín.”
“Costuras de la señora Lety: 250.”
“Pago Ernesto: 1,800.”
“Faltan 23,400.”
“Faltan 12,000.”
“Faltan 3,500.”
“Último pago: mañana.”
Martín sintió que se le aflojaban las piernas y se