Entré con chaqueta gastada a mi propio banco en Castellana y me dejaron dos horas en un rincón. La asesora servía café a los ricos y se reía con el director mientras yo sujetaba un vaso vacío. Me soltó: ‘Esta zona es para clientes private’. No discutí, dejé mi carpeta y volví al día siguiente sin bastón; entonces su pantalla se puso roja y reveló quién era el dueño.

Te dije que no te metieras. Vuelve a tu mesa.

 

En ese momento Arturo se levantó y caminó hacia ellos. David salió, bloqueó la puerta y habló lo bastante alto para que todos escucharan.

 

 

 

—Mi experiencia me permite saber quién tiene dinero antes de abrir una ficha. Usted está haciendo perder el tiempo a esta oficina. Márchese o llamaré a seguridad.

 

El silencio fue inmediato.

 

Arturo dejó la

carpeta sobre el mostrador.

 

—No se preocupe. Me marcho. Pero mañana quizá descubramos quién estaba