Entré con chaqueta gastada a mi propio banco en Castellana y me dejaron dos horas en un rincón. La asesora servía café a los ricos y se reía con el director mientras yo sujetaba un vaso vacío. Me soltó: ‘Esta zona es para clientes private’. No discutí, dejé mi carpeta y volví al día siguiente sin bastón; entonces su pantalla se puso roja y reveló quién era el dueño.

cerraban productos rentables, no quienes resolvían problemas pequeños. Con el tiempo, empezó a confundir exigencia comercial con superioridad.Implementa Un CRM

 

 

No intentó justificarse más.

 

—Ayer fui cruel. Y lo sabía mientras lo hacía.

 

Arturo guardó silencio.

 

—Eso cambia algo —dijo al fin—. No lo arregla, pero cambia algo.

Sara no fue despedida. Durante 6 meses sería trasladada al equipo de recepción general de una oficina de barrio, donde atendería sin segmentación previa y participaría en formación sobre trato al cliente y sesgos comerciales. Su