Entré con chaqueta gastada a mi propio banco en Castellana y me dejaron dos horas en un rincón. La asesora servía café a los ricos y se reía con el director mientras yo sujetaba un vaso vacío. Me soltó: ‘Esta zona es para clientes private’. No discutí, dejé mi carpeta y volví al día siguiente sin bastón; entonces su pantalla se puso roja y reveló quién era el dueño.

Miguel añadió:

 

—No sabía quién era usted. Solo sabía que llevaba demasiado tiempo sentado y que había pedido ayuda varias veces.Organiza Tu Agenda

 

Arturo sonrió por primera vez desde que había entrado.

 

—Eso era exactamente lo que necesitaba saber.

 

La auditoría confirmó que Miguel no había accedido a información económica detallada ni había divulgado datos. Había utilizado una consulta de incidencia para identificar el nivel de autorización necesario y detener un posible error de atención. Técnicamente había bordeado un protocolo, pero lo había hecho para