Entré con chaqueta gastada a mi propio banco en Castellana y me dejaron dos horas en un rincón. La asesora servía café a los ricos y se reía con el director mientras yo sujetaba un vaso vacío. Me soltó: ‘Esta zona es para clientes private’. No discutí, dejé mi carpeta y volví al día siguiente sin bastón; entonces su pantalla se puso roja y reveló quién era el dueño.

resolver una petición legítima y después había intentado escalarla a su superior.

 

 

Arturo anunció que Miguel pasaría a coordinar

calidad de servicio y experiencia de cliente en la sucursal, con un plan de promoción condicionado a formación y resultados, no a favores. El banco financiaría además un posgrado en gestión financiera y liderazgo en una escuela de negocios de Madrid.Miguel se quedó inmóvil.

 

 

—No necesito que me agradezca nada —dijo Arturo—. Necesito que no se convierta en ellos cuando tenga un despacho mejor.

 

Miguel