Entré con chaqueta gastada a mi propio banco en Castellana y me dejaron dos horas en un rincón. La asesora servía café a los ricos y se reía con el director mientras yo sujetaba un vaso vacío. Me soltó: ‘Esta zona es para clientes private’. No discutí, dejé mi carpeta y volví al día siguiente sin bastón; entonces su pantalla se puso roja y reveló quién era el dueño.

vez respondió:

 

—Ya tengo cita conhacía mal.

 

No pidió recuperar la dirección. No habló de objetivos ni de su antigua oficina.Diccionarios y enciclopedias

Contó que su hijo mayor le había preguntado por qué ya no llevaba el coche de empresa. Al principio había inventado una explicación. Días después decidió contarle la verdad: había perdido el puesto porque había tratado mal a una persona creyéndose superior.

 

 

—Fue la conversación más difícil que he tenido con él —admitió—. Pero no quería enseñarle a esconder los errores detrás