Entré con chaqueta gastada a mi propio banco en Castellana y me dejaron dos horas en un rincón. La asesora servía café a los ricos y se reía con el director mientras yo sujetaba un vaso vacío. Me soltó: ‘Esta zona es para clientes private’. No discutí, dejé mi carpeta y volví al día siguiente sin bastón; entonces su pantalla se puso roja y reveló quién era el dueño.

de una corbata.

 

Arturo asintió.

 

David le tendió una hoja. Era una propuesta para crear jornadas mensuales de asesoramiento gratuito para autónomos que no entendieran productos bancarios básicos. La había preparado con Sara y Miguel.

 

 

Arturo leyó el documento completo.

 

—Presénteselo a Miguel. Ahora él coordina este tipo de iniciativas.

 

David sonrió con cierta vergüenza.

 

Meses atrás, aquella frase lo habría destruido.

 

Esta vez respondió:

 

—Ya tengo cita conél el lunes.

 

Un año después, Miguel terminó el primer curso de