Entré con chaqueta gastada a mi propio banco en Castellana y me dejaron dos horas en un rincón. La asesora servía café a los ricos y se reía con el director mientras yo sujetaba un vaso vacío. Me soltó: ‘Esta zona es para clientes private’. No discutí, dejé mi carpeta y volví al día siguiente sin bastón; entonces su pantalla se puso roja y reveló quién era el dueño.

casi imperceptible.

 

 

Había construido un banco durante más de 40 años, pero aquel día comprendió que el edificio más difícil de levantar no estaba hecho de mármol, cristal ni dinero.Banca

 

Estaba hecho de carácter.

 

Y ese edificio podía derrumbarse en 3 segundos, justo el tiempo que tardaba alguien en mirar la ropa de otra persona y decidir que no merecía ser tratada con dignidad.