llamada entre Sara y David. La auditoría no se había iniciado aquella mañana. Arturo había solicitado, meses antes, un programa de evaluación anónima después de recibir quejas sobre varias oficinas dedicadas a clientes de alto patrimonio.
La visita de Arturo no había sido una trampa improvisada.
Era la última comprobación.
Durante 6 semanas, auditores externos habían acudido a distintas sucursales vestidos como repartidores, jubilados, estudiantes, autónomos y trabajadores de mantenimiento. La mayoría había recibido un trato correcto. En aquella oficina de Castellana, sin embargo, 7