Mi hermana se paseaba en toalla frente a mi esposo y decía que era “una prueba”: hasta que él le respondió con su propia prueba

estás buscando departamento?

—Cuartos —corrigió él—. No departamentos.

—¡No puedes hacer eso, Joaquín! Natalia, ¿vas a dejar que tu esposo me eche estando sin trabajo y sin dinero?

Aparté las tostadas del fuego antes de que se quemaran.

—Nadie te está echando. Pero un arreglo temporal necesita un final. Por eso se llama temporal. Te pedí algo en mi casa, más de una vez, y en lugar de respetarlo decidiste que yo tenía que convencerte de que mi límite era razonable.

—¡Y tú me tratas como si fuera peligrosa! —le