Mi hermana se paseaba en toalla frente a mi esposo y decía que era “una prueba”: hasta que él le respondió con su propia prueba

no se fue. Se levantó, apoyó el café en la barra, se cruzó de brazos y la miró de frente. Brenda casi se iluminó: llevaba días esperando eso.

—Llevas toda la semana diciendo que esto es una prueba, ¿no?

—Exacto.

—Bien. Entonces, felicidades.

—¿Por qué?

—Aprobaste.

—¿Aprobé qué?

—Mi prueba. La de si ya estás lista para vivir con compañeras de casa.

Puso su teléfono sobre la barra, frente a ella. Brenda lo agarró y en segundos se puso roja como un tomate. Eran anuncios de cuartos en renta.

—¿Me