te debo una disculpa. Me dije que “mantenerme al margen” era dejarte manejar a tu hermana. En realidad te dejé sola defendiendo algo que nos afectaba a los dos.
Algo en mi pecho se aflojó.
—Qué maravilla —bufó Brenda—, ahora ustedes tienen una revelación matrimonial. ¿Puedo ir a ponerme ropa?
—Por favor.
—Brenda —la detuve—. Uno de esos cuartos está disponible ya. La dueña puede mostrarlo esta tarde. Ya le escribí.
—No me voy a mudar ahí.
—Entonces no lo hagas. Seguiremos buscando. Pero vamos a ir a verlo. No