Mi hermana se paseaba en toalla frente a mi esposo y decía que era “una prueba”: hasta que él le respondió con su propia prueba

te pido que tengas la vida resuelta mañana. Te pido que des pasos.

Subió y cerró la puerta con fuerza. Veinte minutos después bajó en jeans y sudadera y dejó caer sobre una silla la bata más fea de la casa: una de franela rosa, desteñida, con gatitos estampados y una manga encogida.
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Ahí está. ¿Contenta?

—Encantada.

El cuarto de Mariela
Esa tarde fuimos a ver el cuarto. La dueña era Mariela, una diseñadora gráfica de la edad de Brenda que trabajaba desde casa. Era una