Mi hermana se paseaba en toalla frente a mi esposo y decía que era “una prueba”: hasta que él le respondió con su propia prueba

pegó, no me robó. No había otra mujer. Todos esperan que cuente la cosa horrible que hizo… y no existe. Un día se sentó y me dijo que ya no quería nuestra vida. Siete años, y así.

—Y buscabas una razón.

—La gente no se va porque sí. Tenía que haber algo.

Y de pronto toda la semana tuvo sentido. Nunca quiso a mi esposo. Quería que Joaquín fuera la prueba de que todos los hombres fallan, de que las relaciones son frágiles, de que lo suyo no había sido