Mi hermana se paseaba en toalla frente a mi esposo y decía que era “una prueba”: hasta que él le respondió con su propia prueba

—¿Puedo usar un poco?

—Claro.

—Gracias.

Nada más. Una pregunta. Permiso. Respeto.

Los filtros seguían en la repisa más alta. Brenda se puso de puntillas y no llegó. Joaquín empezó a levantarse por reflejo.

—Siéntate —dijo ella sin darse vuelta.

Él se sentó. Brenda arrastró una silla, se subió y bajó los filtros sola. Cuando se bajó, me vio sonriendo.

—¿Qué?

—Nada.

Se miró la bata, la silla, los filtros en la mano, y por fin sonrió también.

—¿Ves? Ya me estoy poniendo de pie.

Y esta vez nos reímos