Mi hermana se paseaba en toalla frente a mi esposo y decía que era “una prueba”: hasta que él le respondió con su propia prueba

envuelta solo en una toalla. Joaquín desayunaba en la mesa. Ella pasó hacia el refrigerador como si nada. Pensé que era una costumbre de su vida anterior y no dije nada.

Al día siguiente se repitió. Cuando Joaquín subió a cambiarse, se lo pedí con suavidad: que se pusiera una bata antes de bajar.

—Es tu esposo, Natalia, no un adolescente que nunca vio a una mujer. ¿Cuál es el problema?

—Que me incomoda. Solo eso. Es mi casa y te pido que no lo hagas.

—Está bien —dijo, encogiéndose