Mi hermana se paseaba en toalla frente a mi esposo y decía que era “una prueba”: hasta que él le respondió con su propia prueba

de hombros.

A la mañana siguiente estaba otra vez en la cocina con la toalla, descalza, preguntándole a Joaquín si quedaba café. Ese fue el día en que él se fue con su taza y ella me preguntó qué le pasaba.

—Te pedí que dejaras de hacerlo —le dije.

—Y sigo sin entender por qué te importa tanto. Si confiaras en Joaquín…

—No se trata de él. Se trata de una hermana que no respeta un límite.

Entonces sonrió. Una sonrisita casi satisfecha.

—Tómalo como una prueba. Si Joaquín puede