Mi hermana se paseaba en toalla frente a mi esposo y decía que era “una prueba”: hasta que él le respondió con su propia prueba

me voy a mantener al margen —dijo—. Es tu hermana. Si me meto, lo va a convertir en algo sobre mí. Quiere una reacción. Si no se la doy, se va a aburrir.

Tenía lógica. No funcionó.

Brenda no se aburrió: subió la apuesta. Empezó a calcular. Esperaba a escuchar la cafetera y recién ahí bajaba. Joaquín se levantaba y se iba al patio, a la cochera, a cualquier lado. Y ella lo observaba como quien anota resultados en una libreta. Yo repetía lo mismo cada mañana; ella contestaba lo