Me casé a los 15 años… Pero la mañana después de nuestra noche de bodas, mi esposo le dijo a todos que yo no era virgen y me abandonó

hacia los invitados.

—Hay algo que todos deben escuchar antes de que me case con Clara —dijo.

La sala quedó completamente en silencio.

Mis padres estaban sentados cerca de la

última fila. Habían aceptado la invitación de mala gana, aunque mi padre apenas me había dirigido la palabra desde su llegada.

Samuel sostenía la vieja carta en una mano.

—Hace muchos años, Clara fue juzgada por algo que jamás fue culpa suya —dijo—. La gente la llamó mentirosa y deshonrada, aunque solo era una niña que necesitaba protección.

Un murmullo