PARTE 2: EL FUNERAL DE LA MUJER QUE NO MURIÓ

música y risas. Mientras mis invitados comían pastel, mi vida se estaba rompiendo en otra habitación.

 

Barragán puso varias carpetas sobre la mesa.

 

Mi nombre.

 

El de Andrés.

 

El de Rebeca.

 

El de Ivonne.

 

Y uno que no esperaba ver.

 

Mauricio Montes.

Mi primo.

 

—¿Por qué está Mauricio aquí? —pregunté.

 

Gerardo se quitó los lentes.

 

—Porque hace semanas detectamos movimientos raros alrededor de tus documentos.

 

—¿Y no me dijiste?

 

—Quería protegerte.

 

—No. Me ocultaste la verdad. Eso