abandonado. Me mintió a mí también.
No la perdoné. Pero entendí algo peor: Andrés no improvisaba. Estudiaba a las mujeres, les decía lo que necesitaban escuchar y luego usaba sus heridas como herramientas.
Barragán conectó la memoria USB.
Aparecieron nombres: Fernanda, Lucía, Marisol. Mujeres a las que Andrés había enamorado, endeudado y abandonado. Una firmó un crédito por él. Otra le entregó sus ahorros. Otra casi perdió su departamento.
Yo no era su primera víctima.
Solo era la más conveniente.
Luego escuchamos un audio de