Rebeca.
—Primero hazla sentir exagerada. Luego inútil. Luego culpable. Cuando ya no confíe en su cabeza, firma lo que sea.
Sentí náuseas.
Esa mujer me había abrazado frente al altar sabiendo que planeaba destruirme. Gentey sociedad
Barragán sacó otra hoja.
—Hay algo más.
Era una consulta reciente al fideicomiso de mi abuela. Alguien había solicitado acceso 18 días antes de la boda.
No fue Andrés.
No fue Rebeca.
Fue Mauricio Montes.
Mi primo. El mismo que me abrazó en la