PARTE 2: EL FUNERAL DE LA MUJER QUE NO MURIÓ

su voz debajo de la cama.

 

Gerardo llegó sin hacer ruido.

 

—Puedes venderla —me dijo—. Nadie te va a juzgar.

 

Miré el patio mojado.

 

—No. Él quería que esta casa fuera su premio. Va a ser lo contrario.

 

8 meses después, la casa de San Ángel abrió sus puertas como el primer refugio del Fideicomiso Amalia Montes. Mujeres llegaban con maletas pequeñas, deudas, demandas, miedo y vergüenza. Salían con abogadas, terapia, planes de independencia y una frase escrita en la entrada:

 

Nadie está loca