me digas así.
Miró mi celular. Luego la cama. Luego mi cara.
—Estabas ahí.
—Sí. Iba a sorprenderte. Pero tú ganaste.
Su expresión cambió.
—Borra eso.
—No.
—Valeria, no sabes con quién te estás metiendo.
Sonreí con lágrimas en la cara.
—El que no sabe con quién se metió eres tú.
Él soltó una carcajada seca.
—¿Tú? ¿Una oficinista que apenas paga sus cosas? Tengo testigos, papeles y a mi madre. Vas a quedar como una esposa despechada.