silencio.
Rebeca caminó hacia la puerta.
—Yo bajo primero. Tú quédate, sé dulce y luego empieza a quebrarla poquito a poquito.
La puerta se cerró.
Andrés quedó solo, sirviéndose champaña como si celebrara una victoria.
Entonces salí lentamente del otro lado de la cama, con el vestido arrugado y el celular en la mano. Camasy cabeceros
—¿También ensayaste los votos o esa parte sí te salió del corazón?
Andrés se volteó. La copa cayó sobre la alfombra.
—Vale…
—No