PARTE 2: EL FUNERAL DE LA MUJER QUE NO MURIÓ

silencio.

 

Rebeca caminó hacia la puerta.

 

 

—Yo bajo primero. Tú quédate, sé dulce y luego empieza a quebrarla poquito a poquito.

 

La puerta se cerró.

 

Andrés quedó solo, sirviéndose champaña como si celebrara una victoria.

 

Entonces salí lentamente del otro lado de la cama, con el vestido arrugado y el celular en la mano. Camasy cabeceros

 

 

—¿También ensayaste los votos o esa parte sí te salió del corazón?

 

Andrés se volteó. La copa cayó sobre la alfombra.

 

—Vale…

 

—No