sentó lentamente.
Después se cubrió el rostro.
Valeria vio cómo sus hombros comenzaban a sacudirse.
Era la primera vez que lo veía llorar.
—Son míos…
El genetista sonrió.
—Todo indica que sí.
Alejandro levantó la mirada hacia Valeria.
Pero ella no corrió a abrazarlo.
Él comprendió inmediatamente.
Se acercó despacio.
—No voy a pedirte que olvides lo que te dije.
Valeria permaneció en silencio.
—Cuando vi ese ultrasonido sentí que el peor miedo de mi vida se hacía realidad. Pensé que había comenzado a querer una familia justo cuando iba