a descubrir que jamás podría tenerla contigo. Y en lugar de confiar en ti, te convertí en culpable de mi miedo.
Sus ojos volvieron a llenarse.
—Te hice exactamente lo mismo que Mauricio. Dejé que un diagnóstico valiera más que tu palabra.
Aquello fue lo que finalmente quebró a Valeria.No porque fuera una disculpa perfecta, sino porque Alejandro había entendido dónde estaba realmente la herida.
—Sí —respondió—. Eso hiciste.
Él bajó la cabeza.
—Y voy a cargar con eso aunque decidas no volver.
Valeria apoyó una mano sobre su