porque era una de las pocas cosas que Valeria toleraba durante las semanas de náuseas.
Compró libros sobre recién nacidos.
Luego compró tantos que Valeria terminó riéndose.
—Alejandro, vienen tres bebés, no estás preparando un doctorado.
—Precisamente porque vienen tres necesito estudiar tres veces más.
Fue la primera vez en semanas que ella se rió hasta llorar.
Una noche, mientras acomodaban tres cunas, Alejandro encontró guardado en una caja uno de los pequeños papeles que Valeria solía pegar en el refrigerador durante los primeros meses de matrimonio.
“Hace frío. Llévate