Su siguiente pregunta llegó demasiado rápido.
—¿Y ahora qué pasa con lo que me prometiste?
Víctor giró hacia ella.
No preguntó dónde dormiría él durante la recuperación.
No preguntó si estaba bien.
No preguntó qué había perdido Ana.
Preguntó por la promesa.
Por primera vez, Víctor escuchó sus propias palabras desde el otro lado.
Tres niveles.
Jardín.
Garage para dos coches.
Lo mínimo que te mereces.
Había hablado de aquella casa como si fuera un premio que podía entregar, sin mencionar que Ana había vivido allí durante veintidós años y