Le Dio Un Riñón A Su Esposo Y Él Volvió A Una Casa Que Ya No Existía-dynana

lo había visto dormido en el hospital.

—Se fue —dijo antes de que Ana preguntara.

Ella entendió de quién hablaba.

No respondió.

—Dice que la engañé.

Ana lo miró.

—Lo hiciste.

Víctor apretó los labios.

—Sabes a qué me refiero.

—Perfectamente.

Durante años Ana había completado sus frases, suavizado sus errores y buscado la interpretación que menos lo perjudicara.

Esta vez dejó que las palabras fueran exactamente lo que eran.

Víctor sacó del bolsillo el anillo.

Lo sostuvo entre los dedos.

—Encontré esto encima de mi reloj.

—Ahí lo dejé.

—