confundido.
—También dijiste que yo era como un mueble.
Eso sí lo hizo mirarla.
Durante unos segundos intentó encontrar otra explicación.
No la encontró.
Ana no levantó la voz.
No necesitaba hacerlo.
—Me dijiste que no sabía hacer otra cosa que cuidarte.
—Ana…
—Y quizá ése fue mi error.
Víctor dio un paso hacia ella.
—Me salvaste la vida.
—Te doné un riñón.
—Es lo mismo.
—No.
La respuesta fue breve.
Ana se llevó una mano al costado por reflejo.
—Lo hice porque en ese momento eras mi esposo y