estrellaba contra la pared. —¡Dame el celular! —gritaba. —¡No los dejes salgan! —ordenaba Teresa. La cámara caía al
suelo. Desde ese ángulo se vio a Teresa poniéndose guantes antes de levantar una barra de hierro. El archivo terminaba con un golpe y el rostro de Arturo mirando hacia el cuerpo de su hija. Lucía advirtió que la defensa podía alegar edición. Además, las cuentas robadas estaban legalmente a nombre de Mariana y contenían su firma electrónica. —Te prepararon como culpable desde hace años —explicó. En televisión, Teresa lloraba frente a