no lo cubría y no
teníamos el dinero.
Regresó del hospital con dos largas cicatrices rojas donde antes estaban sus pechos. Y nunca dejó que nadie las viera. Ni yo. Ni mi hermano pequeño. Ni mi padre.
Se cambiaba en el baño con la puerta cerrada con llave. Usaba camisetas holgadas. Dejó de ir a la playa. Dejó de abrazar a la gente con todo su cuerpo. Se ponía de lado para que solo te tocara el hombro.
Mi padre falleció once meses después de la operación.