imaginé que también había sido miedo.
Miedo a decepcionarme.
Miedo a que dos familias convirtieran su embarazo en una discusión sobre lo que una joven de dieciocho años debía hacer.
La segunda hoja explicaba quién era la mujer del cementerio.
Mi hija la había conocido porque era la mamá del muchacho.
Al principio, aquella mujer se había opuesto a que su hijo asumiera una responsabilidad tan grande siendo tan joven.
No porque negara que fuera el padre.
Precisamente porque sabía que lo era.
Mi hija escribió que tuvieron varias conversaciones