a la velocidad que el niño permitía.
Hubo preguntas incómodas.
Hubo días en que mi nieto quería verlo y otros en que prefería quedarse conmigo viendo un partido.
Hubo momentos en que su padre tuvo que aceptar que amar a un hijo que acababa de conocer también significaba respetar los vínculos que ese hijo ya tenía.
Y hubo momentos en los que yo tuve que aceptar que abrirle una puerta no significaba que alguien fuera a reemplazarme.
Una mañana de domingo, casi un año después de aquella visita al cementerio,