preparé hot cakes como siempre.
Mi nieto estaba sentado a la mesa.
Su padre había llegado temprano y me estaba ayudando a poner los platos.
Hablábamos de cualquier cosa.
Nada importante.
Eso fue precisamente lo que hizo importante el momento.
Mi nieto tomó un bocado, estiró la mano hacia el centro de la mesa y dijo sin pensar demasiado:
—Papá, ¿me pasas la miel?
Los tres nos quedamos quietos apenas un instante.
Su padre no hizo un discurso.
No lloró frente a él.
No preguntó si realmente había querido llamarlo