así.
Simplemente tomó la miel y se la pasó.
—Claro.
Mi nieto siguió comiendo.
Y yo entendí que aquella palabra había llegado exactamente como debía llegar.
No porque una carta la exigiera.
No porque un adulto se la hubiera enseñado.
No porque diez años perdidos pudieran recuperarse de golpe.
Llegó porque, después de tantas decisiones tomadas en nombre de otros, finalmente él había podido elegirla por sí mismo.