su vejez.
Al final de la carta escribió:
«No quiero que mi fortuna, después de mi muerte, se convierta en motivo de discusiones entre vosotros. Quiero que ayude a quienes
ahora la necesitan mucho más».
Me quedé sentada durante mucho tiempo sin decir nada.
Me había casado con un hombre porque pensaba que me haría rica después de su muerte.
Pero resultó que, mucho antes de conocernos, él ya había decidido entregar su fortuna a personas que realmente necesitaban ayuda.
Unos días después, fui a una de las residencias de