al trabajo. Volví a hacer las compras del supermercado. Volví a llamar a mi hermana los domingos por la noche. Pero cada noche entraba al cuarto de Daniel, me sentaba en el borde de su cama y le hablaba en voz baja, como si él pudiera escucharme desde algún lugar.
Un extraño con una chaqueta conocida
Casi un año después,
un martes por la tarde, viajé a otra ciudad por una reunión de trabajo. Cuando terminé, entré a un café pequeño en una esquina cualquiera, pedí un café y me