habitación 7. Las luces estaban tenues y la paciente dormía. La enfermera se agachó, se arrastró con dificultad y se ocultó debajo de la cama. Sintió el polvo, el linóleo frío y los resortes oxidados sobre su cabeza. Estaba aterrada, pero se
quedó allí, inmóvil.
Pasos en el pasillo. La puerta se abrió con un chirrido. Él había llegado.
Desde su escondite, la enfermera solo alcanzaba a ver los zapatos del hombre y el borde de la cama. Primero hubo silencio. Después, su voz, hablándole a la anciana en un