tono bajo pero insistente. La mujer empezó a llorar.
La verdad detrás de las visitas nocturnas
Al principio, el hombre habló con calma. Le explicaba a la paciente que, de todos modos, iba a “perder” la casa, que ya no la necesitaba, que debía firmar unos documentos. Le advertía que, si no lo hacía por las buenas, él iba a “ayudarla” a hacerlo.
La anciana lloraba y le suplicaba que la dejara en paz. Repetía que no iba a firmar nada.
Entonces la voz del hombre cambió. Se inclinó sobre