Me costó respirar. Durante días había pensado que la caída ocurrió en medio de una discusión descontrolada. La fotografía demostraba que Mauricio no solo había estado presente.
Había visto a su madre empujarme.
—¿Y Lorena? —pregunté.
Julián abrió otra página. Era una captura de los mensajes que yo había encontrado. Entre ellos había uno enviado esa misma noche:
«Cuando ella deje de ser un problema, nos iremos juntos».
Debajo, Mauricio había respondido:
«Mi madre se encargará».
Cerré los ojos. No lloré. La mujer que había pasado dos días atrapada en