Pero abrí la puerta.
Lucía estaba sentada junto a la ventana.
Era muy joven.
Mucho más de lo que había imaginado.
Tenía el rostro pálido y una manta sobre las piernas.
Cuando Elena dijo mi nombre, Lucía se quedó completamente inmóvil.
—Ella es la madre de Caleb.
La chica levantó lentamente la mirada.
Y empezó a llorar.
—Lo siento —susurró.
Aquellas fueron sus primeras palabras.
—Lo siento muchísimo.
Me acerqué.
—No tienes que pedirme perdón.
Lucía negó con la cabeza.
—Pero él murió y yo…
No consiguió terminar.
Me senté