Mi Hijo Donó Su Corazón a Una Joven Antes de Morir… Pero La Carta Que Me Dejó Reveló Un Secreto Que Nunca Imaginé

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alojamiento cerca.

Cuando le entregamos las llaves de una habitación para aquella semana, comenzó a llorar.

Yo también.

Aquella noche llegué a casa, coloqué una fotografía de Caleb sobre la mesa y, por primera vez desde su muerte, no le pregunté por qué había tenido que irse.

Solo dije:

—Lo estamos haciendo, hijo.

Pasaron tres años.

Lucía terminó sus estudios.

Viajó.

Volvió al mar.

Celebró cumpleaños.

Y un domingo me envió una fotografía desde el mismo parque donde había conocido a Caleb.

Estaba sentada en aquel banco.

Sonreía.

Debajo