Mi Hijo Donó Su Corazón a Una Joven Antes de Morir… Pero La Carta Que Me Dejó Reveló Un Secreto Que Nunca Imaginé

pasado sus últimos días.

Esta vez no entré con miedo.

Tampoco llevaba una bolsa llena de medicamentos, informes médicos o ropa para pasar otra noche junto a una cama.

Llevaba flores.

El Proyecto Caleb había crecido mucho más de lo que jamás imaginamos. Lo que comenzó con los pequeños ahorros de mi hijo ya había ayudado a decenas de familias con alojamiento, transporte y comidas durante los tratamientos de sus hijos.

Aquella mañana, el hospital nos había invitado a conocer una nueva habitación destinada a familiares que necesitaban descansar mientras