Aquella noche cenamos las tres en la cocina.
Como tantas otras veces.
Solo que ahora había una cuarta generación en camino.
Después de cenar, Nora desapareció unos minutos y regresó sosteniendo una caja que yo conocía perfectamente.
La caja de las cartas de Julian.
—Queda una —dijo.
—¿Una?
Pensaba que las habíamos abierto todas.
Nora sacó un sobre.
La letra
de Julian seguía siendo perfectamente reconocible.
En el frente decía:
“PARA CUANDO ALGÚN DÍA TENGAS TU PROPIA FAMILIA.”
Nos quedamos en silencio.
—No sabía cuándo abrirla —dijo Nora—. Creo que