cuidadosamente la pulsera alrededor de mi muñeca.
—Mañana.
Ella terminó de cerrar el broche y sonrió.
La J y la N quedaron juntas sobre mi piel.
No sabía qué encontraríamos en aquella carpeta médica.
Pero sí sabía una cosa.
Julian había muerto dejando demasiadas preguntas.
Y esta vez pensaba llegar hasta la última respuesta.
A la mañana siguiente, Chloe y yo llegamos al hospital mientras Nora se quedaba con la madre de Chloe. Ninguna de las dos quería que una niña de cinco años pasara otra mañana entre pasillos blancos